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PROYECTO INSTITUCIONAL INTERNADO COLEGIO UNAMUNO

Parece que, a pesar de que nos encontramos plenamente inmersos en el siglo XXI, la consideración que se tiene sobre los internados en España, a día de hoy, mantiene rémoras del siglo pasado que se fundamentan en consideraciones alejadas de la realidad  y que podrían definirse perfectamente como prejuicios. Es una pena que dichos prejuicios, que se han ido acrecentando durante los últimos veinte años,  no tengan en cuenta el espíritu con el que nacieron los internados en nuestro país, los cuales surgieron del deseo de algunas congregaciones religiosas por ofrecer a los alumnos un lugar donde pudieran encontrar un ambiente sosegado, facilitador de la búsqueda y del reencuentro personal. Invita a la reflexión pensar que uno de los prejuicios más extendidos acerca de los internados es aquél que considera esta tipología de centro educativo como el último sitio al que acuden los alumnos que se califican como “conflictivos”.


¿Qué es ser un alumno conflictivo? Centrémonos por un momento en el término conflictivo, el cual deriva del sustantivo conflicto. Es interesante mencionar que la palabra conflicto proviene de la latina “conflictus”, que significa lucha; una lucha que a veces el alumno mantiene consigo mismo por una falta de realización y por una desorientación que acaban afectando siempre a su entorno familiar. Desde el internado no entendemos de manera peyorativa el término “conflictivo”, porque la mayoría de las veces la lucha del alumno es una señal inequívoca de que necesita cambiar algo de sí mismo, que está buscando una manera de hacerlo, pero necesita la orientación necesaria que lo guíe en su proceso de búsqueda, que reoriente sus fuerzas hacia una realización personal, familiar y académica.


Las estadísticas e informes oficiales señalan que las cifras del fracaso escolar en España son preocupantes, con un 20% del alumnado abandonando la educación sin concluir los estudios obligatorios. El mismo dato, al ser trasladado a Andalucía se transforma en alarmante, ya que del 20% se pasa a casi al 30%.


El fracaso escolar que padece un alumno le provoca una desorientación que se ve agravada por la inestabilidad y la crisis de valores que padece la sociedad actual, la cual no ayuda, ni mucho menos, a paliarlo. El fracaso escolar y la desorientación suelen ir de la mano y afectan de manera negativa a los tres ámbitos fundamentales de la vida del adolescente, esto es, a la familia, a la institución educativa y  al ambiente-amistades en el que se mueve el adolescente. Decimos que afecta negativamente, ya que provoca un desequilibrio en la manera en que el adolescente se relaciona y prioriza dichos ámbitos. El fracaso escolar provoca que el adolescente entre en conflicto con la institución educativa y  con su familia, que en la mayoría de las ocasiones se ve sobrepasada por la situación y no sabe cómo afrontarla y darle una solución satisfactoria; en ese momento es cuando el adolescente se separa de su familia y  busca refugio en sus amistades, donde se acomoda y no se ve forzado a afrontar la desorientación y el conflicto surgido en los otros dos ámbitos.


¿Por qué un internado puede paliar esa desorientación? ¿Por qué puede reorientar esa búsqueda, esa lucha o conflicto que surge del interior del alumno pero que aún no puede canalizar para alcanzar su realización como persona y como estudiante?


Creemos firmemente que sí, que desde nuestro internado se puede dar una solución a la desorientación del adolescente,  porque nos apoyamos en un proyecto institucional que trabaja para revalorizar el papel esencial de las familias en la educación de los hijos; además, la institución posee una metodología educativa donde el alumno a través del trabajo continuo y  la atención personalizada es capaz de revertir con todas las garantías la situación de fracaso escolar con la que llega; añadir que, el internado a través de un ambiente y de un contexto donde se fomenta el respeto a las normas y a la convivencia, genera unos valores que ayudan de manera esencial a la reorientación del adolescente.


Como decimos, el pilar fundamental sobre el que se ha de apoyar la educación de un adolescente es, sin duda, la familia. Creemos que si en la gran mayoría de las ocasiones conseguimos alcanzar ese objetivo de reorientación personal y educativa es porque tenemos en cuenta el papel esencial que juegan las familias en la educación de sus hijos. Nuestro proyecto educativo exige de las familias una implicación y un apoyo necesarios para que el alumno pueda alcanzar sus objetivos personales y académicos.


El equipo vocacional que  integra un internado en todos sus perfiles, tanto docentes, educadores, tutores y orientadores, son conocedores de las necesidades de orientación y formación que el alumno necesita implementar y de la manera que se ha de llevar a cabo el proceso educativo para que dicho alumno sea el artífice, el protagonista de ese cambio personal y educativo. Por eso no es exagerado afirmar que el adolescente que estudia en régimen de  internado es un  privilegiado, ya que a su alrededor, giran personas con un carácter vocacional hacia  la educación y que desarrollan dicha vocación en un contexto idóneo, donde el alumno puede alcanzar su realización personal y académica.


Para que esta tarea se pueda calificar de exitosa, docente, tutor, educador y orientador desempeñan su labor mediante un acercamiento,  una comprensión y  una comunicación hacia el alumno, que si faltaran harían imposible la personalización y la adaptación a las necesidades de orientación que requiere cada uno de ellos.


Se hacía referencia antes al ambiente que genera  el internado y que se convierte en el contexto  ideal para que un alumno, que se encuentra en ese proceso de búsqueda con el que llega, pueda centrarse, escucharse a sí mismo y comprender la situación de la que partía, en la que se encuentra en el presente y a la que desea llegar en el futuro.  Un ambiente donde se fomenta la convivencia interpersonal, gracias a la cual se genera una situación de seguridad para el adolescente y  a partir de ella  puede recibir valores y generarlos. A medida que la seguridad del adolescente aumenta, crecen de manera paralela sus capacidades potenciales, las cuales se materializan en su capacidad intelectual, ya que la intelección o  pensamiento es una capacidad esencial del hombre caracterizada por ser evolutiva; una evolución que se inicia cuando, desde el internado, se anima y orienta al adolescente a iniciar esa búsqueda definitoria de su personalidad. De esta manera se crea un terreno propicio en el adolescente para la convivencia intrapersonal,  que es aquella que implica la escucha y el diálogo del alumno consigo mismo y que desembocan en una autovaloración positiva de sí mismo.


Es justamente, como decimos, un ambiente de trabajo continuo y orientado, de respeto a las normas, de convivencia, de disciplina y de autoridad, lo que facilita la transformación del alumno,y le ayudan a afianzar unos valores firmes y positivos que le permiten transitar por el difícil territorio de la adolescencia.
 
 
 
 
 
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